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La alianza del Pacífico

Publicado: 2013-05-06

Los surrealistas desencuentros diplomáticos suscitados esta semana con los presidentes de Ecuador y Venezuela deberían servir para recordarnos que el Perú tiene una tarea diplomática y geopolítica pendiente, y que este gobierno lamentablemente ha soslayado, como es la consolidación del eje Bogotá-Lima-Santiago, que nos aparte del barrio populista, socialistón, arrebatado, que diseñó Hugo Chávez bajo la inspiración del dictador cubano Fidel Castro.

Más allá de la evidente desfachatez de Nicolás Maduro o de Rafael Correa, quienes no se detienen en razones a la hora de desparramar lisura y cometer excesos verbales cuando de afrontar impasses diplomáticos se trata, deberíamos tener en claro que no es el suyo un espacio en el que al Perú le interesa vivir. Ni Ecuador ni Venezuela comparten con nuestro país intereses superlativos, ni vocaciones históricas, mucho menos similitudes ideológicas.

El tablero chavista en la región incluye a ambos países, además de Bolivia y Argentina. El triunfo de Ollanta Humala pudo hacer que el Perú se sume a ese club, pero felizmente no ha sido así. El líder nacionalista comprendió rápidamente que la racha exitosa de nuestra economía se hubiese evaporado si aplicaba los cartabones estatistas de esos países. Y decidió mantener el rumbo heredado.

Eso hay que reconocerlo y saludarlo. Pero lo que preocupa es que por creer que basta con ello, se está dejando al Perú aislado. Humala no nos ha sentado en la mesa febril del chavismo, pero tampoco ha movido fichas claves con respecto a los vecinos que nos interesan: Chile y Colombia.

Hay que llevar la fiesta en paz con todos nuestros vecinos y con el resto de naciones de la región. Pero con quienes estamos compelidos a armar un eje estratégico es con los países que revelen una identidad común y podamos labrar un beneficio mutuo. Y son aquellos que hoy gobiernan Juan Manuel Santos y Sebastián Piñera.

No se entiende por qué la Cancillería le ha bajado el nivel a nuestras relaciones con ambos países. Es claro que con Chile hay un asunto espinoso pendiente en el Tribunal de La Haya, pero debería haber estado claro que eso va por cuerdas separadas respecto de la consolidación de la alianza natural que nuestras economías ya han construido. Y con Colombia lo mismo. No sólo la larga historia sino, sobre todo, la reciente, nos debería llevar a forjar una alianza con ella y no solo una relación amical. Tenemos ideas y problemas compartidos y por alguna extraña circunstancia histórica jamás ha habido desde la Independencia, una relación cercana.

Países con modelos económicos semejantes, con democracias consolidadas y con fronteras comunes no pueden dejar de ser parte de un eje estratégico. Esta Alianza del Pacífico tiene, además, visos de durabilidad. Porque en Chile y en Colombia no se ve posibilidad alguna de que llegue al poder alguien que trastoque el esquema vigente. Y en el Perú es bastante improbable. No sería, por ende, una alianza precaria o endeble. Podría ser el equivalente a la que hubo entre Francia y Alemania que dio pie a la Unión Europea.

Venezuela, Ecuador y Bolivia (inclusive argentina) se encaminan a un destino que no es el nuestro. Y resulta difícil que eso revierta por lo menos en la década venidera. Entre tanto, no es racional que seamos furgón de cola de organismos subregionales como Unasur, donde queda claro quién corta el jamón.

El Perú está llamado a ejercer un liderazgo regional, por su propia ubicación geográfica, su historia, su legado cultural y su potencia económica. Ese liderazgo necesita consolidarse geopolíticamente a través de la denominada Alianza del Pacífico. Es algo que, como interés de Estado, deberíamos alentar y construir. Las dos grandes repúblicas, los dos centros del poder desde tiempos coloniales en la región, como Perú y Colombia, y la potencia económica del continente, como es Chile, están llamadas a ser aliados estratégicos.

Juan Carlos Tafur


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Revista Vela Verde

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