sin ciencia no hay futuro

Sophie Bistro

Publicado: 2013-05-09

Por @metelecuchillo

Existen en Lima pocos establecimientos que puedan llamarse bistrós con propiedad. Existen huecos, huariques, bodegas, cafés y casas de comidas, pero los bistrós son un rara avis. El pequeño Sophie cumple con los requisitos: local coqueto con personalidad, una barra generosa y unas pocas mesas, donde se sirve una cocina no demasiado elaborada, con ingredientes locales y homenajes varios al recetario tradicional. Tiene además una predilección por los frutos de mar y guiños norteños y mediterráneos

Para empezar, son estupendas las anchovetas entomatadas con huevo escalfado. Tan buenas que el resto de la comida no consigue estar a su altura. La comida en Sophie es un sube y baja en el que no volvemos nunca a alcanzar la altura de ese primer plato.

Continúan unas conchas con pesto de culantro, en las que el pesto se come por completo el sabor de la concha. Hay ideas curiosas aunque fallidas, como unas croquetas de arroz a la chiclayana coronadas con un confit de pato mechado. La croqueta algo seca, el confit soso. La cocina vuelve a coger algo de vuelo con un cabrito lechal sobre disco de zapallo loche y una salsa criolla de caigua. Combinación exitosa: la untuosidad del cabrito con la dulzura del loche a la mantequilla. La salsa de caigua es un pequeño descubrimiento. A continuación unos calamares rellenos con morcilla huaralina, nueces y guindones que, otra vez, suenan mejor de lo que saben. No sabría decir si fue un error puntual pero los calamares, duros y chiclosos, recordaban a la textura de un juguete para perro. Los dueños parecen entender de qué trata un bistró, pero la cocina todavía ha de traer a tierra —a la mesa— esas ideas.

RESERVAS

Comandante Juan Moore 176. Miraflores / T. 998-167-486 / Horario: lunes a jueves de 13:00 a 00:00 horas y viernes y sábado de 13:00 a 03:00 horas / Precio: S/. 70 por persona / Servicio: Correcto / Reserva: Recomendable / www.sophiebistro.com / Valoración: 2.5/5 cuchillos.


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Revista Vela Verde

Una revista sin clase